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“La música improvisada está abierta a todo el mundo. Lo sé por experiencia. No es un culto
misterioso, una lengua esotérica ni un protocolo secreto. No se necesita anillo decodificador. A
veces, tratando de proteger el honor de esta música, sus seguidores muestran una gran
devoción, como suelen hacer los amantes de todo tipo. La sustraen de los equívocos
provocados por los entrometidos, y la guardan para sí mismos. Pueden tener un aire sectario
los conciertos de música improvisada: los entendidos, un grupo ungido, se reúnen en círculo,
comparan sus notas acerca de los últimos lanzamientos, haciendo incansablemente listas de
los mejores y los peores, y dan a conocer sus opiniones en una jerga de obsesivos, con el
dialecto arrogante de los vendedores de cómics o de los aficionados a los deportes, que
gesticulan como señaleros de aeropuerto, festejan con sus puños en alto y chocan esos cinco
mientras lanzan estadísticas a diestra y siniestra. Lo hacen porque les gusta tanto esta música
que no pueden contener su entusiasmo. Si ustedes lo intentaran con empeño, ellos podrían
permitirles ser miembros de su club. ¿Pero quién querría serlo?” - John Corbett

UNA GUÍA PARA ESCUCHAR IMPROVISACIÓN LIBRE, por John Corbett

$2.390
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“La música improvisada está abierta a todo el mundo. Lo sé por experiencia. No es un culto
misterioso, una lengua esotérica ni un protocolo secreto. No se necesita anillo decodificador. A
veces, tratando de proteger el honor de esta música, sus seguidores muestran una gran
devoción, como suelen hacer los amantes de todo tipo. La sustraen de los equívocos
provocados por los entrometidos, y la guardan para sí mismos. Pueden tener un aire sectario
los conciertos de música improvisada: los entendidos, un grupo ungido, se reúnen en círculo,
comparan sus notas acerca de los últimos lanzamientos, haciendo incansablemente listas de
los mejores y los peores, y dan a conocer sus opiniones en una jerga de obsesivos, con el
dialecto arrogante de los vendedores de cómics o de los aficionados a los deportes, que
gesticulan como señaleros de aeropuerto, festejan con sus puños en alto y chocan esos cinco
mientras lanzan estadísticas a diestra y siniestra. Lo hacen porque les gusta tanto esta música
que no pueden contener su entusiasmo. Si ustedes lo intentaran con empeño, ellos podrían
permitirles ser miembros de su club. ¿Pero quién querría serlo?” - John Corbett