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«Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.» Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian, que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran la atención de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrirían apacibles si no fuera porque algo ocurrió, allí mismo, en el comedor, seis años atrás.

 

Shirley Jackson

Nació en San Francisco en 1916. A los diecisiete años se mudó junto a su familia a la costa este de Estados Unidos. Allí asistió a la Universidad de Rochester y luego a la Universidad de Syracuse, donde conoció a Stanley Edgar Hyman. Tras una temporada en Nueva York, se instalaron juntos en North Bennington, Vermont, cerca de Bennington College, una institución universitaria en la que Hyman trabajaría como profesor. Fue en North Bennington donde Jackson, que escribía desde su juventud, completó su primera novela, publicada en 1948. Ese mismo año apareció en The New Yorker su famosísimo y perturbador cuento «The Lottery», que provocó una catarata de cartas de protesta en la redacción de la revista y cimentó la reputación de Jackson como fuerza renovadora de la literatura gótica estadounidense. Le siguieron otras cinco novelas, una serie de piezas de literatura juvenil y dos libros de memorias que recogen artículos publicados en revistas y relatos semiautobiográficos sobre la vida doméstica y la crianza de sus cuatro hijos. Sus cuentos y novelas como La maldición de Hill House y Siempre hemos vivido en el castillo (ambas adaptadas al cine) son considerados clásicos de la literatura estadounidense y han influido a numerosos autores contemporáneos. Jackson murió de un ataque al corazón a los 48 años, en 1965.

Siempre hemos vivido en castillo - Shirley Jackson

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«Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.» Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian, que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran la atención de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrirían apacibles si no fuera porque algo ocurrió, allí mismo, en el comedor, seis años atrás.

 

Shirley Jackson

Nació en San Francisco en 1916. A los diecisiete años se mudó junto a su familia a la costa este de Estados Unidos. Allí asistió a la Universidad de Rochester y luego a la Universidad de Syracuse, donde conoció a Stanley Edgar Hyman. Tras una temporada en Nueva York, se instalaron juntos en North Bennington, Vermont, cerca de Bennington College, una institución universitaria en la que Hyman trabajaría como profesor. Fue en North Bennington donde Jackson, que escribía desde su juventud, completó su primera novela, publicada en 1948. Ese mismo año apareció en The New Yorker su famosísimo y perturbador cuento «The Lottery», que provocó una catarata de cartas de protesta en la redacción de la revista y cimentó la reputación de Jackson como fuerza renovadora de la literatura gótica estadounidense. Le siguieron otras cinco novelas, una serie de piezas de literatura juvenil y dos libros de memorias que recogen artículos publicados en revistas y relatos semiautobiográficos sobre la vida doméstica y la crianza de sus cuatro hijos. Sus cuentos y novelas como La maldición de Hill House y Siempre hemos vivido en el castillo (ambas adaptadas al cine) son considerados clásicos de la literatura estadounidense y han influido a numerosos autores contemporáneos. Jackson murió de un ataque al corazón a los 48 años, en 1965.