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El eco de la memoria: Antigüedades de
Cynthia Ozick
Autora: Una fuerza de la naturaleza literaria
Antes de hablar del libro, es imposible ignorar quién sostiene la pluma. Cynthia Ozick (Nueva York, 1928) es mucho más que una escritora; es una estilista del lenguaje. A sus más de 90 años, sigue demostrando que la lucidez no tiene fecha de caducidad. Conocida por su perfeccionismo casi obsesivo y su capacidad para entrelazar lo místico con lo mundano, Ozick ha construido una carrera basada en la exploración de la identidad, el peso de la historia y la santidad del intelecto.
La Trama: Un inventario de nostalgias
Antigüedades nos sitúa en 1949. El protagonista es Lloyd Wilkinson Petrie, un fideicomisario jubilado de la extinta Academia de Temple Grove para Niños de Familias Distinguidas. Petrie vive entre los restos de su antigua escuela, ahora convertida en una residencia para los pocos exalumnos que quedan.
Mientras intenta escribir sus memorias, Petrie se distrae constantemente por:
Objetos polvorientos: Antigüedades reales que heredó de su padre, quien viajó a Egipto con Flinders Petrie (el arqueólogo real).
Fantasmas del pasado: Especialmente el recuerdo de Ben-Zion Elefant, un compañero de clase judío, enigmático y diferente, que marcó su infancia.
Lo que hace que este libro sea especial
Lo fascinante de esta novela no es lo que sucede, sino cómo se siente lo que sucede. Ozick utiliza una prosa exquisita —cada frase parece tallada a mano— para explorar la obsesión de un hombre con una pureza y un pasado que quizás nunca existieron.
Es una meditación sobre el antisemitismo sutil, el aislamiento de la vejez y cómo los seres humanos intentamos dar sentido a nuestra vida a través de los fragmentos (las "antigüedades") que dejamos atrás.
Ozick no escribe historias; realiza excavaciones arqueológicas en el alma humana.
¿Por qué leerlo?
Brevedad impactante: Tiene menos de 150 páginas, pero te dejará pensando durante semanas.
Maestría técnica: Si amas el lenguaje rico y las narraciones en primera persona que no son del todo fiables, este libro es una joya.
Ambigüedad: Ozick no te da todas las respuestas. Te obliga a preguntarte qué es real y qué es el delirio de un hombre que se apaga.
Una lectura esencial para quienes disfrutan de autores como Julian Barnes o Nabokov. Es una pequeña obra maestra de la melancolía.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino
Es 1949, y el anciano Lloyd Wilkinson Petrie, uno de los últimos siete antiguos alumnos de la Temple Academy —una escuela de chicos cerrada desde hace décadas—, se dispone a escribir unas memorias de sus años en aquella institución aristocrática. Concebida como un diario, su redacción entremezcla las constantes distracciones del presente con los vaivenes de una memoria cada vez más inestable, que aun así le permite evocar el sutil antisemitismo que marcaba la vida de la escuela y la fascinación que sentía por la herencia de su propia familia.
Entre recuerdos vacilantes emerge la figura de Ben-Zion Elefantin, un compañero de internado enigmático y solitario, que afirmaba descender de la isla egipcia de Elefantina y que confió a Petrie un asombroso testimonio sobre un linaje olvidado, desterrado de la historia oficial. Un relato que resonaba de manera inquietante con el legado del padre de Petrie: una colección de dudosas antigüedades traídas de un misterioso viaje a Egipto.
De este planteamiento surge una de las narraciones más singulares de Cynthia Ozick, en la que, con su voz distintiva, se entrelazan mito y manía, historia e ilusión. Una reflexión profunda y delicada sobre la soledad, la fragilidad del recuerdo y los laberintos de la memoria.
«Una escritora con una atracción innata por la paradoja y por las cuestiones morales inherentes a las relaciones entre riqueza y pobreza, mente y cuerpo, historia e imaginación.» ALI SMITH, The Guardian
«Una delicia. Quizá algunos habían olvidado el ingenio vivaz y descarado de esta autora, a sus más de noventa años. Antigüedades nos lo recuerda.» The New York Times
«Esta narración, breve en extensión pero inmensa en calado, es tan ingeniosa y profunda como cualquiera de sus obras.» The Wall Street Journal
«Antigüedades es la quintaesencia de Cynthia Ozick.» The Washington Post
«La Sra. Ozick se ha convertido en una gigante del mundo de las letras. Un ingenio mordaz y un deleite palpable por el lenguaje impregnan gran parte de su escritura.» The Wall Street Journal
«Libertad, volatilidad e irresponsabilidad, dones y mandatos de la imaginación: he aquí una descripción maravillosa de la propia escritura de Ozick.» The New York Review of Books
«Una novela breve pero inquietante. La de una escritora que sigue renovándose a cada paso con una voz personalísima y una obra en la que se entrelazan el mito con la historia, el deseo con la imaginación. Una refl exión certera sobre la soledad, sobre la fragilidad de los recuerdos y las invenciones de la memoria.» DIEGO GÁNDARA, La Razón
Plus de Febrero: Antigüedades de Cynthia Ozick
El eco de la memoria: Antigüedades de
Cynthia Ozick
Autora: Una fuerza de la naturaleza literaria
Antes de hablar del libro, es imposible ignorar quién sostiene la pluma. Cynthia Ozick (Nueva York, 1928) es mucho más que una escritora; es una estilista del lenguaje. A sus más de 90 años, sigue demostrando que la lucidez no tiene fecha de caducidad. Conocida por su perfeccionismo casi obsesivo y su capacidad para entrelazar lo místico con lo mundano, Ozick ha construido una carrera basada en la exploración de la identidad, el peso de la historia y la santidad del intelecto.
La Trama: Un inventario de nostalgias
Antigüedades nos sitúa en 1949. El protagonista es Lloyd Wilkinson Petrie, un fideicomisario jubilado de la extinta Academia de Temple Grove para Niños de Familias Distinguidas. Petrie vive entre los restos de su antigua escuela, ahora convertida en una residencia para los pocos exalumnos que quedan.
Mientras intenta escribir sus memorias, Petrie se distrae constantemente por:
Objetos polvorientos: Antigüedades reales que heredó de su padre, quien viajó a Egipto con Flinders Petrie (el arqueólogo real).
Fantasmas del pasado: Especialmente el recuerdo de Ben-Zion Elefant, un compañero de clase judío, enigmático y diferente, que marcó su infancia.
Lo que hace que este libro sea especial
Lo fascinante de esta novela no es lo que sucede, sino cómo se siente lo que sucede. Ozick utiliza una prosa exquisita —cada frase parece tallada a mano— para explorar la obsesión de un hombre con una pureza y un pasado que quizás nunca existieron.
Es una meditación sobre el antisemitismo sutil, el aislamiento de la vejez y cómo los seres humanos intentamos dar sentido a nuestra vida a través de los fragmentos (las "antigüedades") que dejamos atrás.
Ozick no escribe historias; realiza excavaciones arqueológicas en el alma humana.
¿Por qué leerlo?
Brevedad impactante: Tiene menos de 150 páginas, pero te dejará pensando durante semanas.
Maestría técnica: Si amas el lenguaje rico y las narraciones en primera persona que no son del todo fiables, este libro es una joya.
Ambigüedad: Ozick no te da todas las respuestas. Te obliga a preguntarte qué es real y qué es el delirio de un hombre que se apaga.
Una lectura esencial para quienes disfrutan de autores como Julian Barnes o Nabokov. Es una pequeña obra maestra de la melancolía.
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Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino
Es 1949, y el anciano Lloyd Wilkinson Petrie, uno de los últimos siete antiguos alumnos de la Temple Academy —una escuela de chicos cerrada desde hace décadas—, se dispone a escribir unas memorias de sus años en aquella institución aristocrática. Concebida como un diario, su redacción entremezcla las constantes distracciones del presente con los vaivenes de una memoria cada vez más inestable, que aun así le permite evocar el sutil antisemitismo que marcaba la vida de la escuela y la fascinación que sentía por la herencia de su propia familia.
Entre recuerdos vacilantes emerge la figura de Ben-Zion Elefantin, un compañero de internado enigmático y solitario, que afirmaba descender de la isla egipcia de Elefantina y que confió a Petrie un asombroso testimonio sobre un linaje olvidado, desterrado de la historia oficial. Un relato que resonaba de manera inquietante con el legado del padre de Petrie: una colección de dudosas antigüedades traídas de un misterioso viaje a Egipto.
De este planteamiento surge una de las narraciones más singulares de Cynthia Ozick, en la que, con su voz distintiva, se entrelazan mito y manía, historia e ilusión. Una reflexión profunda y delicada sobre la soledad, la fragilidad del recuerdo y los laberintos de la memoria.
«Una escritora con una atracción innata por la paradoja y por las cuestiones morales inherentes a las relaciones entre riqueza y pobreza, mente y cuerpo, historia e imaginación.» ALI SMITH, The Guardian
«Una delicia. Quizá algunos habían olvidado el ingenio vivaz y descarado de esta autora, a sus más de noventa años. Antigüedades nos lo recuerda.» The New York Times
«Esta narración, breve en extensión pero inmensa en calado, es tan ingeniosa y profunda como cualquiera de sus obras.» The Wall Street Journal
«Antigüedades es la quintaesencia de Cynthia Ozick.» The Washington Post
«La Sra. Ozick se ha convertido en una gigante del mundo de las letras. Un ingenio mordaz y un deleite palpable por el lenguaje impregnan gran parte de su escritura.» The Wall Street Journal
«Libertad, volatilidad e irresponsabilidad, dones y mandatos de la imaginación: he aquí una descripción maravillosa de la propia escritura de Ozick.» The New York Review of Books
«Una novela breve pero inquietante. La de una escritora que sigue renovándose a cada paso con una voz personalísima y una obra en la que se entrelazan el mito con la historia, el deseo con la imaginación. Una refl exión certera sobre la soledad, sobre la fragilidad de los recuerdos y las invenciones de la memoria.» DIEGO GÁNDARA, La Razón
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