Hay una cierta mística en la forma en que los libros nos encuentran. Para Raquel Fernández Cobo, catedrática y pedagoga española, el Big Bang de su universo literario no ocurrió en una biblioteca nacional, sino en una mudanza de Barcelona a Almería, contenido en un ejemplar de El túnel de Sabato. "Regalar un libro es donar la experiencia que nos conmueve", dice con la convicción de quien ha hecho de la lectura su religión personal.
Nos reunimos para hablar de su primer ensayo, La experiencia de la forma, un texto que nace de una paradoja: la necesidad de liberarse de un maestro para encontrar la propia voz. Ese maestro no es otro que Ricardo Piglia. Tras cuatro años de tesis doctoral sumergida en el método pigliano, Fernández Cobo se enfrentó al desafío de soltar esa mano académica para empezar a caminar por su cuenta.
El Aula como Complot
Para Fernández Cobo, la literatura no es un objeto de estudio inerte; es una conversación viva. Heredera de la visión de Piglia, entiende la docencia no como un "terreno menor", sino como el espacio donde se construye una mirada. En sus clases, busca transformar el enfoque tradicional —a menudo asfixiado por la metodología— para centrarse en el cuerpo a cuerpo con el texto.
"El aula puede ser una comunidad de estudiantes complotando para generar revolución y cambiar el futuro".
Esta idea del "complot", rescatada de Roberto Arlt, posiciona al profesor y al alumno en una simetría de roles donde la oralidad recupera su trono. Ante la sospecha que despierta la escritura digital y la Inteligencia Artificial, Raquel propone una vuelta a las fuentes: la conversación socrática como el único lugar donde el aprendizaje es genuinamente humano.
Cartas, Sombras y la Tiranía de Duras
El corazón de su ensayo late en lo que ella denomina "conversaciones nocturnas", un análisis profundo de la correspondencia y los silencios. Fernández Cobo se desliza como una "espía" entre las líneas de autores como Carmen Martín Gaite, Kafka y, de manera más inquietante, Marguerite Duras.
Su análisis sobre la relación entre Duras y Yann Andréa es descarnado. Describe una dinámica de posesión donde la autora francesa utilizó a su amante como mero "material narrativo". "Usted no es nada", le decía Duras, reduciendo la identidad de Andréa a una sombra para transmutar el sufrimiento en lo que Fernández Cobo llama una "belleza literaria absoluta".
Hacia un Canon Sensible
A pesar de su formación académica, Fernández Cobo no teme mostrar sus grietas. Confiesa que su canon fue históricamente masculino y que hoy transita un proceso consciente de "feminizar el mundo". Esta búsqueda la ha llevado a autores contemporáneos como Mónica Ojeda y Fernanda Trías, explorando la relación entre el cuerpo y el territorio.
El cuerpo, precisamente, es el invitado inesperado en su obra. Fue su editora quien le hizo notar que todos los autores elegidos en su corpus cargaban con alguna marca o problema corporal. Un espejo de su propia experiencia, donde el cuerpo a veces se siente como el "propio enemigo".
Al final del día, lo que Raquel Fernández Cobo propone es una literatura que no busque respuestas, sino que multiplique las preguntas. Una invitación a leer no para acumular datos, sino para encontrar a ese interlocutor ideal que, a veces, solo existe entre las páginas de un libro.
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