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Si hubiera que elegir un párrafo para presentar este libro, habría que dejar que Strand dijera: “Más de una vez he sospechado que por debajo del mundo que escogemos hay otro, involuntario, inexplicable, que nos elige a nosotros. Es el mundo de los accidentes, de los encuentros casuales, de los deseos realizados. Sólo en raras ocasiones se muestra y, cuando lo hace, nos requiere completamente.”

Strand pone a andar una máquina que se mueve, que camina. A los pocos pasos nos damos cuenta de que no hay artificio, no es una máquina, es un animal extrañísimo e indescifrable que da en el blanco.

La conmoción ante lo diminuto, las emociones cotidianas, el mundo bajo una mirada extrañada, a veces un tono sarcástico. El espíritu de juego en la curiosidad de un niño. Y al mismo tiempo, la mirada del que ha visto mucho, del que ya sabe que las palabras no alcanzan y que quizás lo único que puede hacerse es pintar la sombra que dejan.

Algo del trazo escrito se deshace cuando uno se pierde en lo que lee. Algo se levanta entre las letras, toma cuerpo. Catorce relatos y ese algo indefinible que corre ahí detrás

Sr. y Sra. Baby y otras historias, por Mark Strand

$1.200
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Si hubiera que elegir un párrafo para presentar este libro, habría que dejar que Strand dijera: “Más de una vez he sospechado que por debajo del mundo que escogemos hay otro, involuntario, inexplicable, que nos elige a nosotros. Es el mundo de los accidentes, de los encuentros casuales, de los deseos realizados. Sólo en raras ocasiones se muestra y, cuando lo hace, nos requiere completamente.”

Strand pone a andar una máquina que se mueve, que camina. A los pocos pasos nos damos cuenta de que no hay artificio, no es una máquina, es un animal extrañísimo e indescifrable que da en el blanco.

La conmoción ante lo diminuto, las emociones cotidianas, el mundo bajo una mirada extrañada, a veces un tono sarcástico. El espíritu de juego en la curiosidad de un niño. Y al mismo tiempo, la mirada del que ha visto mucho, del que ya sabe que las palabras no alcanzan y que quizás lo único que puede hacerse es pintar la sombra que dejan.

Algo del trazo escrito se deshace cuando uno se pierde en lo que lee. Algo se levanta entre las letras, toma cuerpo. Catorce relatos y ese algo indefinible que corre ahí detrás