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La historia de Travin se cuenta en dos tiempos: el de su adultez, cuando es un periodista de gran prestigio perseguido por la dictadura, un tiempo breve y brutal; y el de su adolescencia -el corazón de esta novela, que se lee también como una novela de iniciación- narrado por el mismo Travin en un manuscrito que jamás llegará a publicar. Es 1942, Travin llega a Córdoba con su madre y su hermana por quince días. La segunda gran guerra ya es un hecho. Travin es un adolescente judío, culto, interesado por la política, filosoviético, arrogante y fabulador. En la pensión donde pasan sus días se relaciona con personajes inesperados, algunos huéspedes y otros, habitantes permanentes o transitorios de las sierras, en Río Ceballos. Travin mira con deseo y curiosidad un mundo al que no pertenece -el del hotel Los Sauces y los chalets residenciales- habitado por militares, alemanes, gente muy cercana al poder. Una sociedad en miniatura con sus secretos, complicidades y traiciones que prefigura una Argentina que se desplegará en su fascismo décadas más tarde. Travin se asoma a ese abismo y no sale indemne. 
 

¿Cuánto tienen que ver ese Travin, que creció con la inseguridad propia de los inmigrantes y el autor de esta novela de iniciación? Imposible determinarlo, pero muy legítimo intuirlo. Con más de 90 años de edad, muchos de ellos cumplidos dentro de tiempos brillantes y nefastos del periodismo argentino, Abrasha Rotenberg arma un libro de memorias hechas, a medio hacer, deliberadamente desechas, dentro del que sus numerosos personajes ostentan los perfiles más creíbles de la vida misma, de lo más luminoso a lo especialmente oscuro. Situada en dos etapas muy diferenciadas de la Argentina —en los 40 en las sierras cordobesas y en la Buenos Aires sangrienta de los 70— La Amenaza narra con destreza literaria y nos hace cómplices cercanos de los descubrimientos felices y desdichados de Travin. Este adolescente, que tanto le teme al antisemitismo como a que se sepa su verdadero nombre, Moisés Berel Travinsky, va en busca de su destino y con frecuencia termina extraviado. Chico de la Segunda Guerra, polaquito stalinista, izquierdista prematuro, lector precoz de Stefan Zweig, Herman Melville, José Ingenieros o Aníbal Ponce, ya adulto se convierte en un periodista tan influyente como ególatra. Travin tiene mucho de gente que uno conoció en las redacciones y en esa construcción debe haber información descalificada de la propia vida de Rotenberg, militante del judaísmo y progresista, empresario, testigo cercano en la instalación de importantes medios de comunicación, perseguido con seguro pronóstico de muerte y exiliado. Por su existencia primero, y ahora por su libro, pasan muchos protagonistas, tanto héroes como villanos; en ocasiones, nosotros mismos. Carlos Ulanovsky

La amenaza - Abrasha Rotenberg

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La historia de Travin se cuenta en dos tiempos: el de su adultez, cuando es un periodista de gran prestigio perseguido por la dictadura, un tiempo breve y brutal; y el de su adolescencia -el corazón de esta novela, que se lee también como una novela de iniciación- narrado por el mismo Travin en un manuscrito que jamás llegará a publicar. Es 1942, Travin llega a Córdoba con su madre y su hermana por quince días. La segunda gran guerra ya es un hecho. Travin es un adolescente judío, culto, interesado por la política, filosoviético, arrogante y fabulador. En la pensión donde pasan sus días se relaciona con personajes inesperados, algunos huéspedes y otros, habitantes permanentes o transitorios de las sierras, en Río Ceballos. Travin mira con deseo y curiosidad un mundo al que no pertenece -el del hotel Los Sauces y los chalets residenciales- habitado por militares, alemanes, gente muy cercana al poder. Una sociedad en miniatura con sus secretos, complicidades y traiciones que prefigura una Argentina que se desplegará en su fascismo décadas más tarde. Travin se asoma a ese abismo y no sale indemne. 
 

¿Cuánto tienen que ver ese Travin, que creció con la inseguridad propia de los inmigrantes y el autor de esta novela de iniciación? Imposible determinarlo, pero muy legítimo intuirlo. Con más de 90 años de edad, muchos de ellos cumplidos dentro de tiempos brillantes y nefastos del periodismo argentino, Abrasha Rotenberg arma un libro de memorias hechas, a medio hacer, deliberadamente desechas, dentro del que sus numerosos personajes ostentan los perfiles más creíbles de la vida misma, de lo más luminoso a lo especialmente oscuro. Situada en dos etapas muy diferenciadas de la Argentina —en los 40 en las sierras cordobesas y en la Buenos Aires sangrienta de los 70— La Amenaza narra con destreza literaria y nos hace cómplices cercanos de los descubrimientos felices y desdichados de Travin. Este adolescente, que tanto le teme al antisemitismo como a que se sepa su verdadero nombre, Moisés Berel Travinsky, va en busca de su destino y con frecuencia termina extraviado. Chico de la Segunda Guerra, polaquito stalinista, izquierdista prematuro, lector precoz de Stefan Zweig, Herman Melville, José Ingenieros o Aníbal Ponce, ya adulto se convierte en un periodista tan influyente como ególatra. Travin tiene mucho de gente que uno conoció en las redacciones y en esa construcción debe haber información descalificada de la propia vida de Rotenberg, militante del judaísmo y progresista, empresario, testigo cercano en la instalación de importantes medios de comunicación, perseguido con seguro pronóstico de muerte y exiliado. Por su existencia primero, y ahora por su libro, pasan muchos protagonistas, tanto héroes como villanos; en ocasiones, nosotros mismos. Carlos Ulanovsky