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Veinte magníficos relatos sobre la verdad, o la mentira, según como lo consideremos. Veinte visiones descarnadas de lo que significamos, si es que significamos algo, sin rodeos ni tapujos, sin analgésicos literarios ni barreras de seguridad frente a nuestras experiencias más profundas.

Son visiones en movimiento que proporcionan gozo, atormentan y aparecen en el momento más inesperado. En estos relatos sólo hallamos el consuelo y las respuestas que obtenemos al mirarnos en el espejo desnudo de nosotros mismos, al contemplar la fenomenología de nuestros destinos compartidos y diversos, la belleza de decir sin más: «Ah, sí, aquí estamos, o aquí hemos estado».

Sexo y muerte: éstas son las dos pulsiones que nos gobiernan, nuestras dos cuestiones más importantes. El abrazo húmedo y el sudor frío. El peso del ataúd en el hombro, el beso ilícito o la petite mort; la punzada de la carne íntimamente dividida y la maravilla de abrazar a una diminuta y aulladora máquina genética. Éstos son los momentos en que nos quedamos contemplando el abismo, sintiéndolo, celebrándolo o jodiéndolo todo.

Sexo y muerte, por VV.AA.

$3.390
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Sexo y muerte, por VV.AA. $3.390

Veinte magníficos relatos sobre la verdad, o la mentira, según como lo consideremos. Veinte visiones descarnadas de lo que significamos, si es que significamos algo, sin rodeos ni tapujos, sin analgésicos literarios ni barreras de seguridad frente a nuestras experiencias más profundas.

Son visiones en movimiento que proporcionan gozo, atormentan y aparecen en el momento más inesperado. En estos relatos sólo hallamos el consuelo y las respuestas que obtenemos al mirarnos en el espejo desnudo de nosotros mismos, al contemplar la fenomenología de nuestros destinos compartidos y diversos, la belleza de decir sin más: «Ah, sí, aquí estamos, o aquí hemos estado».

Sexo y muerte: éstas son las dos pulsiones que nos gobiernan, nuestras dos cuestiones más importantes. El abrazo húmedo y el sudor frío. El peso del ataúd en el hombro, el beso ilícito o la petite mort; la punzada de la carne íntimamente dividida y la maravilla de abrazar a una diminuta y aulladora máquina genética. Éstos son los momentos en que nos quedamos contemplando el abismo, sintiéndolo, celebrándolo o jodiéndolo todo.