¡ENVÍOS SIN CARGO EN ARGENTINA PARA COMPRAS QUE SUPEREN LOS $AR 4000!

Si compras este pack el envío es GRATIS

El pack incluye:

 

EL IDIOMA MATERNO

No es novedad que el estilo ha caído en desgracia. Mientras la literatura (como siempre) viaja a velocidad crucero hacia un futuro cada vez más incierto donde asoma la pesadilla de su obsolescencia, nos limitamos a mirar para atrás, con una añoranza difícil de confesar, hacia un pasado no tan lejano en que la literatura se confundía con el estilo. Hablar de estilo hoy implica arriesgarse a ser tildado de anacrónico, a ser acusado de nostálgico o supersticioso. Y sin embargo, leyendo a Fabio Morábito la vigencia de la idea de estilo, la importancia vital de una simple coma o un adjetivo bien puesto, se nos aparece como una evidencia inmediata: el estilo entendido a la vez como máxima libertad y máximo rigor: el estilo como pensamiento y destino, destino de un pensamiento. Conocíamos a Fabio Morábito sobre todo por sus potentes poemas, donde ideas e imágenes danzan en concierto armonioso, y por los sorprendentes mecanismos de relojería de sus relatos. Los textos de El idioma materno combinan lo mejor de ambos y exigen ser leídos a la vez como poemas y como relatos, o como apuntes de una forma futura. Autobiografía literaria y bitácora de lectura, fábulas urbanas, microficciones del yo y poemas en prosa: de la cruza de todo ello, amalgamado por su estilo único, Morábito extrae pequeñas joyas nítidas, fascinantes ejercicios de autoficción e inteligencia que se leen en forma adictiva y ya no nos suelta.
 
 
TAMBIÉN BERLÍN SE OLVIDA
 
A medio camino entre la crónica y el ensayo, la prosa de Fabio Morábito avanza al mismo ritmo que la mirada del extranjero sobre la ciudad que visita: un poco a tientas, registrando cada detalle, a veces ansiosamente y muchas otras con cierta nostalgia del futuro, con la certeza de que la permanencia es ilusoria y él pertenece a otro sitio. La mirada del outsider infiltrado en la cotidianeidad de la ciudad puede captar un sinfín de matices, que, gracias a la precisión del estilo de Morábito, componen un retrato cubista y entrañable de la Berlín contemporánea. A lo largo del paseo urbano e introspectivo que es esta lectura, destacan algunos destellos de posibles ficciones, promesas de cuentos que tal vez nunca se escriban, e intensos momentos poéticos.
 
 
EL LECTOR A DOMICILIO
 
Ganadora de los premios Xavier Villaurrutia y Roger Caillois 2019
 
Alguien comete un crimen que en apariencia no es grave, acaso es vergonzante porque jamás se aclara ni menciona. Al criminal se le retiene el registro y no va a la cárcel, pero se le asigna un trabajo social: brindar lecturas a domicilio. Así, el autor del crimen será lector. Como si se concluyera: quien no puede decirnos en qué consiste su culpa, debe leer historias ajenas.
Las visitas son breves y enredadas perfomances que este lector lleva adelante con la torpeza de un clown torturado por su ineficacia. Como personaje recuerda aquellos seres de Kafka que dan por sentada una culpa; sólo para entender, en un segundo aunque definitivo estadio, que esa culpa es más recóndita y tan abstrusamente práctica que resulta imposible de redimir. Acaso por ello este sujeto lea mal. Al modo del campeón de natación que no sabe nadar, el lector a domicilio emplea su voz para la lectura oral, pero es incapaz de discernir el significado de aquello que lee. ¿La lectura oral es un género escénico? ¿Una disposición mediúmnica?

Pack Fabio Morábito

$4.000 $3.800
Sin stock
Envío gratis
Pack Fabio Morábito $3.800

Si compras este pack el envío es GRATIS

El pack incluye:

 

EL IDIOMA MATERNO

No es novedad que el estilo ha caído en desgracia. Mientras la literatura (como siempre) viaja a velocidad crucero hacia un futuro cada vez más incierto donde asoma la pesadilla de su obsolescencia, nos limitamos a mirar para atrás, con una añoranza difícil de confesar, hacia un pasado no tan lejano en que la literatura se confundía con el estilo. Hablar de estilo hoy implica arriesgarse a ser tildado de anacrónico, a ser acusado de nostálgico o supersticioso. Y sin embargo, leyendo a Fabio Morábito la vigencia de la idea de estilo, la importancia vital de una simple coma o un adjetivo bien puesto, se nos aparece como una evidencia inmediata: el estilo entendido a la vez como máxima libertad y máximo rigor: el estilo como pensamiento y destino, destino de un pensamiento. Conocíamos a Fabio Morábito sobre todo por sus potentes poemas, donde ideas e imágenes danzan en concierto armonioso, y por los sorprendentes mecanismos de relojería de sus relatos. Los textos de El idioma materno combinan lo mejor de ambos y exigen ser leídos a la vez como poemas y como relatos, o como apuntes de una forma futura. Autobiografía literaria y bitácora de lectura, fábulas urbanas, microficciones del yo y poemas en prosa: de la cruza de todo ello, amalgamado por su estilo único, Morábito extrae pequeñas joyas nítidas, fascinantes ejercicios de autoficción e inteligencia que se leen en forma adictiva y ya no nos suelta.
 
 
TAMBIÉN BERLÍN SE OLVIDA
 
A medio camino entre la crónica y el ensayo, la prosa de Fabio Morábito avanza al mismo ritmo que la mirada del extranjero sobre la ciudad que visita: un poco a tientas, registrando cada detalle, a veces ansiosamente y muchas otras con cierta nostalgia del futuro, con la certeza de que la permanencia es ilusoria y él pertenece a otro sitio. La mirada del outsider infiltrado en la cotidianeidad de la ciudad puede captar un sinfín de matices, que, gracias a la precisión del estilo de Morábito, componen un retrato cubista y entrañable de la Berlín contemporánea. A lo largo del paseo urbano e introspectivo que es esta lectura, destacan algunos destellos de posibles ficciones, promesas de cuentos que tal vez nunca se escriban, e intensos momentos poéticos.
 
 
EL LECTOR A DOMICILIO
 
Ganadora de los premios Xavier Villaurrutia y Roger Caillois 2019
 
Alguien comete un crimen que en apariencia no es grave, acaso es vergonzante porque jamás se aclara ni menciona. Al criminal se le retiene el registro y no va a la cárcel, pero se le asigna un trabajo social: brindar lecturas a domicilio. Así, el autor del crimen será lector. Como si se concluyera: quien no puede decirnos en qué consiste su culpa, debe leer historias ajenas.
Las visitas son breves y enredadas perfomances que este lector lleva adelante con la torpeza de un clown torturado por su ineficacia. Como personaje recuerda aquellos seres de Kafka que dan por sentada una culpa; sólo para entender, en un segundo aunque definitivo estadio, que esa culpa es más recóndita y tan abstrusamente práctica que resulta imposible de redimir. Acaso por ello este sujeto lea mal. Al modo del campeón de natación que no sabe nadar, el lector a domicilio emplea su voz para la lectura oral, pero es incapaz de discernir el significado de aquello que lee. ¿La lectura oral es un género escénico? ¿Una disposición mediúmnica?