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MATATE, AMOR
 
A esta altura, ya es evidente que Ariana Harwicz es una de las apariciones más radicales de la narrativa argentina reciente. La suya es una prosa hecha de violencia, de erotismo, de ironía y de una crítica frontal a los lugares comunes en torno a la familia, a los lazos, a las relaciones convencionales.        
 
Matate, amor puede leerse como la demolición de la idea costumbrista de familia tipo. Aquí, el amor conyugal es visto como acoso. El amor del hijo es visto como acoso. Y los propios personajes son llevados al extremo de la impostura.  La protagonista es una mujer que piensa en ella misma sin  piedad: “Leé, idiota, me digo, leéte una frase de corrido” se dice. “Y ahora soy una campechana que cuelga las medias  de mi hombre y mi bebé, los calzoncillos y las camisas”.        
 
Brutal, salvaje, es casi imposible salir indemnes luego de  haber leído a Ariana Harwicz. Matate, amor, con su tono de in crescendo teatral o cinematográfico, nos coloca otra vez  frente a esa experiencia de lectura extrema.       
 
 
PRECOZ
 
Uno, dos, tres. Solo tres novelas le bastaron a Ariana Harwicz para convertirse en una de las escritoras más destacadas y renovadoras de la literatura argentina actual. Harwicz tiene un mundo propio que se reconoce desde las primeras líneas, es de esas autoras que nos atrapan desde el comienzo y que nos conducen sin respiro hasta el final del libro. 
 
Precoz es una novela de gramática brutal. Si en La débil mental, su novela anterior, había una proyección de la madre hacia la hija para que hiciera lo que la madre deseaba, aquí el asunto es la relación con un hijo precoz convertido en objeto. Madre e hijo viven aislados en una casa con madera acumulada en la puerta, ranchos sin terminar, cercados por vías de tren. ¿Puede una madre ser saciada por su hijo? ¿Puede un hijo querer a toda costa saciar a su madre?
 
Todo gira hacia lo erótico, ambientado en el mundo de los “nuevos pobres” europeos. Los personajes de Precoz duermen tirados en los bosques o frente a supermercados. Allí están madre e hijo, como dos indocumentados más revolviendo la basura, cazando, siendo perseguidos por la policía, mientras el hijo muta veloz a hombre. Precoz es también una novela de terror. Pero es un terror nacido del deseo. Nada más inquietante.
 
 
LA DÉBIL MENTAL
 
Escrita como un flujo de conciencia que recuerda a la mejor literatura moderna Virgina Woolf, Nathalie Sarraute cruzada con una violencia desatada poco frecuente en la narrativa argentina, La débil mental es el relato de una relación casi animal entre madre e hija, de una pulsión sexual inagotable, de la biografía de un cuerpo donde todo está sepultado. Narrada a través de tremendas escenas breves (madre e hija en clubes, con hombres, con whisky; pero también jugando juntas, divirtiéndose) la novela nunca se vuelve sórdida, sino al contrario: roza la poesía, y formula una poderosa interrogación sobre la condición humana, sobre el deseo, sobre los imposibles mandatos familiares.

Pack Ariana Harwicz

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MATATE, AMOR
 
A esta altura, ya es evidente que Ariana Harwicz es una de las apariciones más radicales de la narrativa argentina reciente. La suya es una prosa hecha de violencia, de erotismo, de ironía y de una crítica frontal a los lugares comunes en torno a la familia, a los lazos, a las relaciones convencionales.        
 
Matate, amor puede leerse como la demolición de la idea costumbrista de familia tipo. Aquí, el amor conyugal es visto como acoso. El amor del hijo es visto como acoso. Y los propios personajes son llevados al extremo de la impostura.  La protagonista es una mujer que piensa en ella misma sin  piedad: “Leé, idiota, me digo, leéte una frase de corrido” se dice. “Y ahora soy una campechana que cuelga las medias  de mi hombre y mi bebé, los calzoncillos y las camisas”.        
 
Brutal, salvaje, es casi imposible salir indemnes luego de  haber leído a Ariana Harwicz. Matate, amor, con su tono de in crescendo teatral o cinematográfico, nos coloca otra vez  frente a esa experiencia de lectura extrema.       
 
 
PRECOZ
 
Uno, dos, tres. Solo tres novelas le bastaron a Ariana Harwicz para convertirse en una de las escritoras más destacadas y renovadoras de la literatura argentina actual. Harwicz tiene un mundo propio que se reconoce desde las primeras líneas, es de esas autoras que nos atrapan desde el comienzo y que nos conducen sin respiro hasta el final del libro. 
 
Precoz es una novela de gramática brutal. Si en La débil mental, su novela anterior, había una proyección de la madre hacia la hija para que hiciera lo que la madre deseaba, aquí el asunto es la relación con un hijo precoz convertido en objeto. Madre e hijo viven aislados en una casa con madera acumulada en la puerta, ranchos sin terminar, cercados por vías de tren. ¿Puede una madre ser saciada por su hijo? ¿Puede un hijo querer a toda costa saciar a su madre?
 
Todo gira hacia lo erótico, ambientado en el mundo de los “nuevos pobres” europeos. Los personajes de Precoz duermen tirados en los bosques o frente a supermercados. Allí están madre e hijo, como dos indocumentados más revolviendo la basura, cazando, siendo perseguidos por la policía, mientras el hijo muta veloz a hombre. Precoz es también una novela de terror. Pero es un terror nacido del deseo. Nada más inquietante.
 
 
LA DÉBIL MENTAL
 
Escrita como un flujo de conciencia que recuerda a la mejor literatura moderna Virgina Woolf, Nathalie Sarraute cruzada con una violencia desatada poco frecuente en la narrativa argentina, La débil mental es el relato de una relación casi animal entre madre e hija, de una pulsión sexual inagotable, de la biografía de un cuerpo donde todo está sepultado. Narrada a través de tremendas escenas breves (madre e hija en clubes, con hombres, con whisky; pero también jugando juntas, divirtiéndose) la novela nunca se vuelve sórdida, sino al contrario: roza la poesía, y formula una poderosa interrogación sobre la condición humana, sobre el deseo, sobre los imposibles mandatos familiares.